La Gran Comisión como un plan de salud.

¿Estás con deseo de hacer algo para Dios y no sabes por dónde empezar? Solo hay que mirar lo que es La Gran Comisión.

¿Has llegado a estar una cantidad considerable de tiempo en el evangelio y quieres hacer algo para Dios, pero no encuentras algo que puedas hacer? En la Biblia hay una contestación a esa pregunta y se llama La Gran Comisión. Es el llamado para todo cristiano y su plan de acción en la Tierra. Es algo que está diseñado para que todos lo podamos hacer, de una manera u otra.
A pesar de la universalidad de La Gran Comisión, cuando escucho predicaciones acerca de ella, se tiende a enfocar en una porción que la discute por prédica (Mateo 28: 16-20, Marcos 16: 14-18, Lucas 24: 36-49 o Juan 20: 19-20) y usualmente se enfocan en las porciones de Mateo o Marcos. En esta discusión utilizaré estas dos porciones, pero las analizaré en conjunto.

Este tipo de porción bíblica se discute en cultos misioneros con la intención de promover que la iglesia participe en las misiones externas a la iglesia. Sin embargo, rara vez se aplica estas porciones a su propia iglesia. Mucho menos se utiliza como modelo para planificar la expansión de lo que una iglesia llamó “Nuestra Jerusalén” (el concepto se refiere a la idea que el lugar donde nacimos o vivimos es para nosotros el equivalente de lo que para los discípulos era Jerusalén).

Antes de continuar, les voy a citar ambas porciones.
 
“Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16: 14-18, RV1960)
 
“Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.  Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” (Mateo 28:16-20, RV1960)
 
Yo decidí enfocarme en estas dos porciones porque son las más discutidas, pero si uno lee estas conjuntamente con las otras dos, uno se da cuenta que La Gran Comisión tenía como lugar de inicio a Jerusalén. El contexto de las cuatro porciones de La Gran Comisión es que Jesús les estaba dando las instrucciones para que los discípulos recibieran las herramientas para comenzar La Gran Comisión en Jerusalén, pero que se expandieran a todas las naciones.

Cuando escucho predicaciones sobre La Gran Comisión, a veces percibo que estas porciones bíblicas se aplican en las iglesias sin tomar en cuenta que el lugar donde están no está excluido de seguir lo que dice estas porciones bíblicas. Es más, si utilizamos la idea de “Nuestra Jerusalén” cada iglesia debe de preocuparse por la expansión del evangelio en su país antes de expandir y no debe de descuidad de su trabajo en “Jerusalén” en el tiempo de expansión.

Cuando Dios me dio la oportunidad de analizar los dos textos bíblicos citados, yo me di cuenta de dos cosas:
                1.   NO se deben de analizar por separados, y
                2.   Son dos partes de un mismo plan de trabajo.

¿Cómo puede ser? La primera parte del plan de trabajo está en la porción de Marcos. Lo primero que dice es que
es necesario ir a las personas: “Id por todo el mundo…”. Id por todo el mundo incluye a nuestra Jerusalén: a nuestra iglesia. ¿Cuánta gente hay en su iglesia que no conoce al Señor, a quien el evangelio no le ha llegado aunque lo estén escuchando en cada servicio?

Segundo, hay que comunicarse con otros sobre el evangelio: “predicad el evangelio a toda criatura.” Hay que hablar de lo que uno adoptó como su creencia: “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. (1 Juan 5: 4-5, RV1960)” Para que el evangelio llegue hay que transmitir esta información por cualquier medio de comunicación.
Finalmente, hay que tener un atractivo: la salvación y los beneficios de creer en Jesús (“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”). En resumen, la primera parte del plan de acción para la expansión del evangelio es que hay que atraer a la gente a Cristo usando lo que Dios nos ha dado.

La segunda parte del plan está en la porción de Mateo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado….” Nuevamente, está el comienzo del plan: Id. Pero en esta porción, la encomienda parece ser diferente: Haced discípulos… bautizándolos… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Sin embargo, para hacer discípulos tienes que primero atraerlos a que te sigan, como lo hizo Jesús con los discípulos en Mateo 4: 18-22. Así que si no aplicas lo que se dice en Marcos 16 primero, no puedes aplicar La Gran Comisión según el libro de Mateo. Mateo 28: 19-20 lo que trata es sobre la retención de esa vida luego de que fuese atraído a Cristo.

¿Cómo se retiene? Primero tienes que tener una relación con Dios para que te demuestre el camino por donde tienes que dirigir a la persona que se convierte en tu discípulo. Segundo, tienes que ser atractivo para ellos. Tercero, ellos tienen que acceder a que lo trates como mentor. Finalmente, tienes que aprovechar cada oportunidad que Dios te da para enseñarle lo que ellos necesitan, incluyendo el promover que se bauticen en las aguas.

En resumen. La Gran Comisión es el plan de acción que Jesús trazó para la expansión de su iglesia. La misma está dividida en dos partes. La primera parte de la Gran Comisión es atraer las personas a Cristo y el Evangelio; la segunda es el retener a las personas a través del discipulado y del bautismo en las aguas. Esto es algo que todos podemos y estamos comisionados a hacer como colectivo y como individuos. ¿Quieres comenzar a trabajar para Dios? Comienza a aplicar este plan de acción y verás cómo Dios comenzará a usarte más allá de lo que imaginabas